
Esta columna la debería haber escrito la semana pasada, pero en ese minuto no tenía en mente este tema.
Veo el programa Cara y Sello del Mega desde el año pasado, recuerdo los contrastes que mostraban cuando el tema central era el matrimonio, por un lado mostraban la ceremonia según una familia árabe, y por el otro, las preparaciones al estilo de una familia italiana. También recuerdo el capítulo donde una boxeadora ruda contrastaba con la fragilidad de una bailarina de ballet y cuando un grupo de bailarines callejeros de reggeaton en Cartagena, se enfrenta a un exclusivo team de promotoras top.
Hasta ese minuto el programa me gustaba, los temas eran interesantes, estaban bien reporteados y los contrastes eran en su justa medida.
Pero la semana antepasada terminé por desencantarme del trabajo periodístico de Cara y Sello, cuando vi a dos modelos en pantalla, uno chileno y otro argentino. El primero sin recursos económicos ni atributos físicos como para desarrollar una carrera en las pasarelas y el segundo, un modelo de elite muy conocido en Buenos Aires, ciudad en donde su rostro estaba en gigantografias de marcas de prestigio.
No sé cuál era el punto que querían mostrar. ¿La realidad de un modelo chileno y otro argentino? No lo creo. Parecía como si estuvieran comparando un kiosco de Talagante con un super hipermercado en Buenos Aires, un microempresario con un mega empresario. ¿Cuál era la idea? Según lo que se veía, avergonzar al chileno que para más remate se junto con el modelo argentino quien pensaría que todos los modelos de Chile eran así. Qué crueldad, me pregunto por qué si la idea era poner en pantalla las diferentes situaciones económicas y sociales con que cuentan los modelos hoy en día, no lo hicieron entre compatriotas.
No vi el reportaje hasta el final porque me dio vergüenza ajena, no del modelo chileno porque él no tiene la culpa de la situación a la que lo expusieron, pero si de las intenciones o “probables intenciones” con que el equipo periodístico llevó a cabo este capítulo de Cara y Sello “dos caras de una MISMA moneda”.
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