
Camioneta. Viernes por la tarde. Mi papá y yo…
Papá: Tengo ganas de ir al cine
Yo: Anda…
Papá: ¿Y con quién voy a ir?
Yo: Solo. La soledad nunca es mala
Papá: ¿Pero como voy a ir solo?
Yo: Así, yendo solo. ¿Porque no?
¿Por qué no?... Leí alguna vez que siempre estamos solos. O sea, si vamos al cine con 10 personas- amigos- igual vemos la película solos. Nadie la ve por mí. Yo la veo. Son mis ojos y mi cerebro el que absorbe la información, no del señor del lado. No de la señora que no calla nunca- a la cual mataría, pero no le diría- porque todo está en tu cabeza. Llena de problemas sin soluciones, que se reflejan en la pantalla grande.
No se porque me quedo dando vueltas esa afirmación. Es algo tan terrible como placentero. Es algo demasiado cierto y está en el inconsciente de todos. Lo sabemos, pero si alguien nos lo afirma, nos damos cuenta que es verdad.
Y me encanta ir al cine. Me encanta estar acompañada, pero las sensaciones, los momentos, eso de identificarte con algún personaje pasa en tu mente y no en la de tu compañero de asiento. Cuando lloras o ríes- aunque parezca cursi- todos lo hemos hecho y si hacemos un racconto, vamos a entender que nunca lloramos acompañados o reímos acompañados. Quizás el del lado se da cuenta de tu emoción y sale algún comentario por ahí, pero sigues solo.
Al final comentas, llegas a conclusiones, dices si te gustó o no la película. Criticas las actuaciones, al director, evalúas, destrozas, lloras, sigues riendo, vas al baño, escuchas los comentarios de la gente, identificas a la vieja que hablo toda la película, pero todo lo hiciste solo. Luego de reflexiones escondidas, lo compartes con el resto.
No se la verdad, no me crean. Suena a resentimiento social. Pero no es el punto. Es como dice Baudelaire: “Quien no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo entre una multitud atareada”.
Es una afirmación fatalista. Me invito al cine ¿Alguien me acompaña? Sí, yo misma. Total, siempre voy a ver la película conmigo… Poblemos nuestra soledad de imágenes y pensamientos.
Igual hay veces que necesitas compañía.
Gracias.
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